El de los boleros
Hoy, precioso día de lluvia. La soledad me llama y su llamada es dulce de terciopelo, ¿cómo no acudir? Comparezco ante ella también cuando su grito es duro y cortante. ¿Cómo no acudir? En el autobús largos boleros tristes. Grandes nubes navegan lentamente por un mar que es cielo y escollan en las montañas. Luis Miguel, el de los boleros. No te amo, no te odio: soy libre, y libre romperé las nubes, y la tierra, y los mares. Mi dolor de cabeza y largos boleros tristes. Si alguna vez pensé que te quería, me equivoqué. A veces la nostalgia es azúcar glacé: una fina capa blanca sobre el alma morena. A veces es clara como agua de manantial. Muere San Juan de la Cruz en Úbeda, pasan doscientos ochenta y ocho años, nace Albert Einstein en Ulm, cuatro años después muere Karl Marx en Londres, pasan ciento cinco años, nazco, pasan veintitrés años, es hoy. Esta tristeza de humo de incienso, de vela que se consume.
A veces la tristeza hace más pura el alma.
A veces la tristeza hace más pura el alma.

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