Doku
De espaldas a los dos ancianos, dos dragones de tierra rugían, desafiantes, a un gran lobo negro con blancos cuernos de carnero. En el otro extremo había un joven vestido de negro de pies a cabeza. Era alto y tenía el pelo albino, pero la piel morena, y sus facciones tenían una extraña belleza mestiza que no pasaba desapercibida. Su gran presencia, siniestra y poderosa, detuvo a Aysel. La chica reaccionó cuando el lobo negro se lanzó contra el dragón de tierra, las fauces directas a su cuello, y el coloso cayó violentamente contra el suelo, luchando para deshacerse de su atacante. Entonces el joven se volvió y miró a Aysel directo a los ojos. La expresión de sus ojos rojizos era terrible y fascinante a la vez. Aysel tuvo que hacer un esfuerzo indecible para sostenerle la mirada. El joven le clavó los ojos hasta que Aysel sintió que no podía seguir mirándolos, pero justo entonces se volvió de nuevo hacia los ancianos. El lobo estaba sentado, terrible y elegante, al lado de su amo. Los dragones de tierra yacían inmóviles en el suelo.
―Y ahora vais a darme lo que he venido a buscar.
―Y ahora vais a darme lo que he venido a buscar.
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